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Testimonio de Ned sobre el Libro de Mormón

Hola. Mi nombre es Ned y soy un miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Cuando tenía diecinueve años tuve una de las experiencias más increíbles de mi vida, de hecho, fue un acontecimiento que ha marcado mi vida desde entonces.

Ned; Witness of the Book of MormonEl Libro de Mormón es un libro de escritura similar a la Biblia. Debido al Libro de Mormón, muchas personas sin querer nos llaman los mormones. El Libro de Mormón relata la historia de un grupo de gente que vivía en Jerusalén, cerca de la época del profeta del Antiguo Testamento, Jeremías. El líder de este grupo era un hombre llamado Lehi, que, al igual que Jeremías, era un profeta. A Lehi se le advirtió en un sueño de la próxima destrucción de Jerusalén, y se le dijo que él y su familia debían abandonar Jerusalén de inmediato.

El Libro de Mormón muestra los convenios de Dios con Lehi y su posteridad por más de mil años. Otro profeta llamado Mormón reunió y compiló todos estos registros en un solo volumen, es por eso que lo llaman el Libro de Mormón. Este enseña el evangelio de Jesucristo.

La experiencia que de la que hablé antes, fue el proceso que pasé por medio del cual desarrollé mi convicción y mi testimonio de la existencia de Dios, Su Hijo Jesucristo, y la veracidad del Libro de Mormón.

Si retrocedemos lo suficiente en mi árbol genealógico, encontraremos que mis antepasados se unieron a la Iglesia Mormona en Escocia a mediados de la década de 1800. Luego emigraron a los Estados Unidos, y finalmente a Utah.

Algo le pasó a la segunda generación de los McArthur después de llegar a Utah. Hay indicios de que la generación perdió la fe. Esto continuó a través de todas las generaciones hasta mí.

Para el momento en que cumplí los doce años, mi familia dejó Utah y se mudó a Michigan. Fui a las reuniones dominicales con mi familia, y participé en las actividades juveniles a lo largo de mis años de adolescencia, pero nunca fuimos realmente religiosos. Así que, al igual que mis antepasados, nunca había desarrollado ninguna convicción acerca de Dios o de los dogmas de la fe mormona.

Como hombre joven en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, se me había enseñado que debía ir a una misión de dos años cuando cumpliera diecinueve años, y al no tener otro rumbo en mi vida, me decidí a ir. Al ser un inmaduro de diecinueve años de edad, que vivía fuera de casa por primera vez, y que tenía muy poco conocimiento y fe en lo que se suponía que estaba enseñando, me quedé abrumado y acabé teniendo un desánimo. Le dije a mi presidente de misión iba a renunciar e irme a casa. Al parecer, era un proceso complicado, porque me dijeron que iba a tardar algunas semanas. Durante este tiempo, seguía acompañando a mi compañero de misión, sin realmente comprometerme en lo que estábamos haciendo.

Entonces sucedió.

Estábamos enseñando a una joven y ella hizo una pregunta acerca de ser salvos por la gracia que mi compañero no estaba respondiendo a su satisfacción. Entonces, un versículo que no recuerdo haber leído previamente se me vino a la mente. Se encuentra en el Libro de Mormón, 2 Nefi 25:23 que dice “… pues sabemos que es por la gracia por la que nos salvamos, después de hacer cuanto podamos.” Leímos el versículo juntos y expliqué que es por la gracia y misericordia de Jesucristo que somos salvos. Con esa gracia tenemos ciertas responsabilidades. Ella lo entendió. Más tarde se convirtió y fue bautizada en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Veinticuatro años han pasado desde aquella noche, pero recuerdo claramente lo que pensaba y lo que sentía esa noche.

Después de terminar nuestra discusión con esta joven, salimos por la puerta principal y recuerdo que pensé: “No me iré a casa.” ¿Por qué Dios me habló esa noche? Tal vez nunca lo sepa, pero sí sé que lo hizo.

Casi al final de El Libro de Mormón, un profeta llamado Moroni da una promesa a aquellos que leen el libro. Él promete que si uno lee el Libro de Mormón con el deseo sincero de conocer la verdad de él, y pide a Dios con fe, si es verdadero o no, el lector sabrá de su veracidad, por medio del Espíritu Santo. Se encuentra en Moroni 10:4 y dice:

“Y cuando recibáis estas cosas, (refiriéndose al Libro de Mormón) quisiera exhortaros a que preguntéis a Dios el Eterno Padre, en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas; y si pedís con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo, él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo”.

Después de mi experiencia, probé el Libro de Mormón de la manera que sugiere Moroni. La respuesta llegó poco a poco, pero sí llegó. Al pasar las semanas y meses, esa respuesta me transformó de un adolescente inmaduro, sin dirección, a un hombre con un propósito.

A través del Libro de Mormón he llegado a conocer la realidad de Dios, nuestro Padre en el Cielo, y en Su Hijo Jesucristo. Sé que las oraciones son contestadas, y sé que Dios tiene un plan para mí, como lo tiene para cada uno de nosotros, y ese plan es mucho mejor y mucho más sorprendente que cualquier cosa que podría haber imaginado previamente.

 

Ned

Pleasant Grove, UT[mappress mapid=”1″]

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